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El único acuerdo que parece haber en torno a la crisis es sobre su severidad. De ahí en más, los pronósticos de su evolución y las ideas para superarla están dispersas a lo largo de un amplio rango de posibilidades. Las proyecciones de un día quedan rápidamente superadas por los hechos y deben revisarse con explicaciones que develan nuevas aristas de los males que aquejan a la economía mundial. Peor aun, la necesidad de restablecer confianza en los agentes económicos está creando una versión oficial sobre la evolución de la crisis que oscurece aún más el análisis.
Tal vez el reflejo más evidente de la incertidumbre que caracteriza a los tiempos actuales es el conjunto de alegorías sobre al curso que puede tomar la marcha de la economía mundial o, por lo menos, la de las naciones más desarrolladas. Sin el ánimo de frivolizar el análisis de un asunto tan delicado, vale la pena recapitular las diversas formas en las que se ha tratado de graficar el camino que nos queda por delante, recurriendo a signos de nuestro alfabeto. Así, por ejemplo, para quienes piensan que la crisis tendrá una evolución como la japonesa de los años 90 y ven en la poca respuesta a los estímulos monetarios y crediticios una suerte de trampa de liquidez, la trayectoria de los indicadores de la producción dibujará una L, es decir, que a la caída de la producción le seguirá un largo estancamiento.
Para los más optimistas, el curso de la crisis dibujará una V. La producción caerá hasta tocar fondo (cosa que en la visión de estos analistas ya habría sucedido), y de ahí en adelante habrá una reversión de la crisis, tan fuerte y tan rápida como la caída que le precedió. En esta línea se inscriben quienes piensan que agotados los inventarios durante la crisis, la expansión de la demanda será tan fuerte que estimulará la producción y las inversiones, no solamente para atender el aumento vigoroso de la demanda, sino también para reponer rápidamente los niveles de inventarios perdidos. Casi con los mismos argumentos, pero con una dosis de escepticismo sobre la rapidez y la fuerza con la que reaccione la demanda agregada, están los que postulan que la evolución de la crisis será como una U.
Las recientes alzas en las bolsas del mundo y en los precios de las materias primas han tomado por sorpresa a todos o casi todos los analistas. Estas alzas se dan sin que ningún fundamento de la economía real las justifique. Entonces, comienza a difundirse la idea de que la crisis tendrá un doble fondo. Es decir que la recuperación que se intuye por las alzas bursátiles será pasajera, y no muy intensa, y estará seguida de una nueva caída. Así se habrá dibujado una W.
Saliéndose de las letras de nuestro abecedario, George Soros ha optado por recurrir a otro signo. Ha dicho que el curso de la crisis dibujará el símbolo de una raíz matemática vista “en espejo”. En su visión, al derrumbe económico producido por la crisis le seguirá una recuperación de menor intensidad y luego vendrá un período de atonía a niveles de actividad inferiores a los observados en los años noventa.