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Este 2009 presenta a Bolivia circunstancias muy especiales que hacen muy tentador transgredir una máxima bien conocida entre economistas que dice que solo hay una cosa peor que hacer proyecciones: es publicarlas.
Basta con señalar que en menos de dos meses se han expuesto las más divergentes proyecciones sobre el crecimiento económico de Bolivia. La más optimista, como no pudo ser de otra manera, corresponde al Gobierno. En su proyecto de Presupuesto 2009 consigna una tasa esperada de crecimiento económico de 5.05% (la precisión a la centésima la dejamos sin comentario). Pero antes que el Gobierno, en Octubre de 2008, el Fondo Monetario Internacional, en su informe Perspectivas de la Economía Mundial, pronosticó para Bolivia un crecimiento económico de 5%. En esa oportunidad, el Fondo tuvo también proyecciones optimistas para el mundo entero aunque luego las corrigió hacia abajo, pero dejó sin cambios a la proyección sobre el crecimiento de Bolivia. En el mes de noviembre recién pasado, el Banco Mundial, en sus Perspectivas Económicas Globales 2009, apunta una tasa de crecimiento del PIB boliviano del 3.6%, y más recientemente, la CEPAL en su Balance Preliminar de la Economía de América Latina y el Caribe, registra una proyección del crecimiento del 3%. Así las cosas, lo único que parce claro es que conforme pasa el tiempo, las proyecciones sobre el crecimiento de la economía boliviana se hacen menos optimistas.
Una mirada más detenida a lo que puede deparar el 2009 a Bolivia en materia de crecimiento económico, nos induce a una lectura escéptica de los pronósticos antes mencionados. Para comenzar, habrá que señalar que mucho del optimismo que rodea a las proyecciones para el 2009 nace de los datos oficiales correspondientes al primer semestre del 2008, período en el que la economía habría crecido en un 6.5%. Este dato hace abrigar la esperanza de un crecimiento anual cercano a ésa cifra y, por supuesto, una prolongación de esa buena racha en el 2009.
La expansión que ha tenido la economía boliviana hasta hace pocas semanas atrás, se explica, en casi su integridad, por el aumento del consumo privado que se ha financiado con ingresos crecientes de las exportaciones, especialmente las mineras, y al considerable ingreso de remesas de los migrantes bolivianos en el extranjero. Habrá que añadir también el peso del dinero proveniente del narcotráfico, aunque las cifras sobre este fenómeno son todavía debatibles.
De todos los factores que han alentado el crecimiento económico hasta no hace mucho tiempo atrás, sólo el narcotráfico tiene pronóstico favorable para el 2009. Las demás exportaciones del país, las formales y legales, tienen muy pocas o casi ninguna posibilidad de crecimiento, sea por el desplome de precios internacionales, sea porque su demanda está en pleno retroceso, o porque sus mercados se han cerrado. Tampoco podrá esperarse mucho de las remesas de la diáspora boliviana, pues sus fuentes de empleo están desapareciendo y, más bien, comienza a retornar al país donde espera guarecerse de la crisis económica global. De las inversiones privadas nacionales y extranjeras no se podrá obtener ningún impulso al crecimiento, pues hace rato que se hallan paralizadas y seguramente entrarán en retroceso una vez que la nueva Constitución tenga efectos sobre la economía nacional. Consecuentemente, y parafraseando a la Secretaria Ejecutiva de la CEPAL, Alicia Bárcena, los motores del crecimiento de la economía boliviana se vienen apagando uno tras otro. En un análisis de simulación sobre diferentes escenarios para la economía nacional, llegamos al convencimiento de que las probabilidades de que la economía crezca en el 2009 son menores al 50% y que en el mejor de los casos la economía podría crecer el 1.3% (ver gráfico) y que no deberíamos descartar una caída del PIB de más del 1%.